Entrevista con el autor:

SOMBRAS DE HEMINGWAY Y POR QUÉ FUI A ESPAÑA


El ex corresponsal para Oriente Medio Frank Lasker ha entrevistado a Robert Egby con respecto a su novela histórica For the Love of Rose: A Journey in Three Worlds, ahora publicada en inglés y español bajo el título Por el amor de Rose: Un viaje en tres mundos.

Pregunta. ¿Dónde nació Rose?

Respuesta. Hay dos respuestas. Necesitaba escribir una breve historia de amor para equilibrar unos hilos de trepidantes aventuras que llevaban muchos años acumulando polvo. La idea de una clásica historia de amor —chico conoce a chica y se enamora— se me vino a la mente un verano mientras deambulaba a lo largo de la antigua vía férrea de camino entre Watertown y Cape Vincent, en el norte del estado de Nueva York. Descubrimos un viejo y pintoresco puente de la vía sobre un arroyo. ¿Qué habría sucedido si un joven lugareño hubiera conocido a una hermosa artista de la alta sociedad mientras pintaba un lienzo? ¿Y si la joven hubiera sido cinco años mayor que el chico, de diecisiete años, hijo de un productor de leche? ¿Y qué habría ocurrido si todo hubiera tenido lugar a finales de la década de 1930?

El joven es Frank Barbury, cuya mente se encuentra enfrascada en la ingeniería. Adora las locomotoras, y los trenes pasan varias veces al día por su granja en Three Mile Bay echando vapor. La joven es Rose Gerrard, hija de un médico de Long Island. Su historia de amor es unas veces idílica, otras tensa debido a la diferencia de edad, que afecta a cada uno de manera distinta. Esa es la trama clásica.

P. Ha dicho que hay dos respuestas. ¿Cuál es la otra?

R. Allá a principios de la década de 1950, atrapado en una tienda de campaña en Egipto, supuestamente custodiando el canal de Suez con la Real Fuerza Aérea Británica —fue en Al-Firdan—, empecé a leer El sol también sale, de Hemingway. Las culturas de la margen izquierda parisina y española que prevalecían en la Europa de entreguerras se apoderaron de mi imaginación. Un colega y yo incluso empezamos a aprender español, pero duró poco. Celebré mi vigésimo cumpleaños leyendo Por quien doblan las campanas, de Hemingway. Siempre he sido una persona muy visual, me encantaban las películas y la fotografía, y ya había trabajado en un estudio de animación en Moor Hall, de modo que el libro me conquistó. Desde que puedo recordar siempre había querido ser escritor, y en el lejano Egipto me dije: «Egby, tú también puedes escribir un libro así». De manera que leí casi toda la obra de Hemingway, incluidos sus artículos para el canadiense Toronto Star. Durante una temporada escribí relatos cortos al estilo Hemingway. Fue una buena experiencia de aprendizaje que utilicé como fundamento para seguir adelante. Pero la semilla española ya había quedado firmemente plantada en mi mente y ahora sé que nunca se perdió en las arenas del tiempo.

P. Su biografía cuenta que después de la Fuerza Aérea, donde sirvió con las Fuerzas de Radiodifusión, se quedó en el Mediterráneo trabajando como periodista, fotógrafo y camarógrafo de un noticiario.

R. Sí. Fueron trece años cubriendo todos los países en el extremo oriental del Mediterráneo. Acreditado como corresponsal de guerra británico en la crisis del canal de Suez de 1956 y en la guerra civil libanesa de 1958, supongo que aprendí a esquivar un montón de balas. Mi habitación de hotel en Trípoli, Líbano, fue acribillada y me escondí debajo del lavabo hasta que aquello se quedó tranquilo. Aparece en mi autobiografía. Aprendí mucho sobre la guerra y cómo afecta a la gente.

P. Entonces, ¿cuándo regresó el espíritu de Hemingway?

R. Para serle sincero, no me di cuenta de ello hasta que Rose fue publicada en inglés. Alguien sugirió una traducción al español y dijo: «Recuerda ligeramente a Hemingway, ¿sabes?». Eso me hizo pensar profundamente. Mis días de estudio de Hemingway ya habían pasado hacía mucho —sesenta años, para ser exactos—. Y aun así, mirando Rose en retrospectiva, hay señales claras.

P. ¿Como Jake Barbury?

R. El héroe amante y luchador de la novela es Frank, a quien adora su hermano pequeño, Jake. Este anhela escribir. Cuando Rose y su padre se marchan a Europa y desaparecen en la guerra civil española, Frank va a buscarlos valiente e inocentemente. Jake sigue las noticias, y observa y describe los acontecimientos en Europa, particularmente en España.

P. Jake era uno de los personajes principales de El sol también sale, de Hemingway.

R. Parecía un buen nombre. En algún lugar profundo de mi subconsciente me he aferrado a ese nombre durante sesenta años. El libro de Hemingway es conmovedor. La película con Tyrone Power no me inspiró, es como beber cerveza de ayer. Demasiado holliwoodiense. Ava Gardner me recordaba a Ava, no a Lady Brett.

P. En su larga búsqueda de Rose, Frank Barbury desafía la nieve de los Pirineos y, a medida que se desarrolla la historia, es reclutado como conductor de ambulancias. ¿Hemingway?

R. Sí. Hemingway condujo una ambulancia en el frente italiano durante la I Guerra Mundial. Pero la psicología de Frank es distinta. La razón obvia por la que conduce ambulancias es su educación. Es producto de un hogar de «No a las armas, no a matar». Su padre, el productor de leche Matt Barbury es un británico que fue objetor de conciencia durante la I Guerra Mundial y huyó a América, donde puso en marcha una pequeña granja productora de leche en Three Mile Bay con el dinero de su tía. Se casó con una joven de orientación espiritista llamada Elli y criaron a su familia en un ambiente de no violencia. Frank creció en una granja del norte de Nueva York donde no había armas.

Debido a su firme educación, no podía hacer que Frank participara activamente en la guerra mientras buscaba a Rose. Conduce una ambulancia Phänomen Granit de fabricación alemana. Pesaban unas dos toneladas y media; eran lentas y difíciles de manejar, con una potencia de unos meros treinta y siete caballos. La velocidad máxima era de unos setenta y cinco kilómetros por hora en una carretera llana. Eran blanco fácil y los historiadores señalan que la esperanza de vida normal de un conductor de ambulancias en periodo de guerra era de unas brevísimas cuarenta y ocho horas.

P. Pero Frank disparó a uno de esos moros bárbaros en sus partes íntimas. ¡Fue espectacular!

R. Esa frase me salió tal cual. Incluso me sorprendió a mí. Era un poco de humor negro para aliviar los momentos en que Frank y su grupo fueron testigos de las secuelas de la terrible atrocidad en la carretera a Elgueta. Una vez que Frank se instala en el norte de España y encuentra a Rose, la trama cambia por completo y empieza a tejerse. Todos los personajes empiezan a hacer cosas a la fuerza y los acontecimientos y personajes toman vida propia.

P. Al final, Frank se enfada cuando Rose resulta herida en el bombardeo de Durango.

R. Los Barbury nunca imaginaron que su hijo se enfadaría y esto llevaría a un cambio drástico. Ocurre cuando los gudaris —las fuerzas especiales vascas— atacan la base aérea de la Legión Cóndor en Vitoria Gasteiz. Algo que me gustaría señalar es que toda la novela es ficción, pero se desarrolla en un trasfondo histórico real, en lugares reales, con personas reales y sucesos reales. Los gudaris, la Legión Cóndor, los moros, la base aérea de Vitoria-Gasteiz, los bombardeos y el ametrallamiento de Durango son muy reales.

P. Jake Barbury se queda en casa. ¿Cumple algún papel?

R. Por supuesto. Jake es el escritor, el observador de los acontecimientos. En última instancia, la espada de Jake es su pluma, que utiliza para atacar verbalmente el Acuerdo de No Intervención de la Liga de Naciones. Este impidió que una gran parte de países, incluido Estados Unidos, acudiera en ayuda del gobierno elegido democráticamente en España.

P. Todos aceptan a alemanes e italianos. Ellos introdujeron la guerra aérea y los conocidos como bombardeos de terror para los nacionales de Franco. Los rusos se metieron en la guerra de manera marginal ayudando a los republicanos democráticamente electos.

R. El joven Jake, un escritor sagaz, predijo que la guerra civil española era la antesala de la II Guerra Mundial. Es un personaje vital porque mantiene al lector en contacto con la historia viva, que es importante para la historia. Por cierto, los acuerdos de no intervención son un problema en su mayoría. Mire lo que ha ocurrido en Siria durante tres años porque el mundo no intervino. Ahora tenemos el ISIS, un Estado que prospera con el terror. Es desalentador; la historia se repite, pero los políticos nunca aprenden.

P. ¿Es historiador antes que novelista?

R. Una combinación. Cuando escribo, a menudo me siento como si estuviera en otra época. Durante la investigación, mientras hojeaba el catálogo de Sears Roebuck de 1936, sentía y entendía las modas, las radios Silvertone, los corsés a los que se enfrentaban las mujeres y los pantalones anchos de la moda masculina. La seda lo era todo en aquellos tiempos porque el nylon todavía no había ganado popularidad. Si uno escribe una novela histórica, debe sumergirse en los sucesos y la cultura de la época. Utiliza el contexto y artefactos justos para hacer que los personajes sean verosímiles.

P. Un lector comentaba que su libro le había “sacudido hasta la médula… El amor, la belleza… y la devastación de la guerra”. ¿Cómo lidia con la parte emocional?

R. Unas veces los acontecimientos se desarrollan a medida que escribo, otras reflexiono sobre lo que voy a escribir mientras paseo. Escribo mejor cuando silbo o escucho música clásica o de cine. Me encanta el trabajo de John Barry, es inspirador. La música crea el ambiente. ¿Emotivo? La escena me acecha. Por ejemplo, cuando Frank y Rose van de camino al mercado en Durango durante aquel día fatídico, el treinta y uno de marzo de 1937, ven a una niña sentada en los escalones a la puerta de su casa jugando con una muñeca. La niña se llama Zoriona, que significa felicidad. La ven juntos y es entonces cuando Rose le plantea la pregunta: —Frank, ¿no te gustaría que tuviéramos una niñita como esta?

Frank reconoce que ha sopesado en secreto una relación seria con Rose porque de inmediato le responde que primero deberían tener un hijo. Incluso ya tiene el nombre de su hijo pensado: Luke. No voy a revelar a los lectores lo que ocurre después, pero esta escena se desarrolla en una calle llamada Kurutziaga Kalea, en el corazón de Durango.

P. Eso definitivamente no tiene nada de Hemingway.

R. No. Había dejado a Hemingway muy atrás.

P. Uno se pregunta por qué eligió la guerra civil española. La mayor parte de los autores de ficción se habrían desplazado al sur de España, con las Brigadas Internacionales, pero Ud. eligió a los vascos en el norte. ¿Por qué?

R. En retrospectiva, siento que me llevaba algún proceso mental, incluso cósmico si lo desea. Inicialmente pensé situar la historia en 1939, con los amantes dirigiéndose a Francia durante la II Guerra Mundial. Los trenes eran importantes para Frank, pero durante la investigación descubrí, para mi horror, que los trenes de pasajeros que pasaban por el pueblo en Three Mile Bay hacia Cape Vincent en el norte de Nueva York fueron interrumpidos en marzo de 1936. De modo que hice que la historia de amor comenzara en 1935. Entonces descubrí que el único gran conflicto disponible o adecuado se desarrolló en España.

Mi investigación se volvió hacia el País Vasco y los acontecimientos de principios de 1937. Esto me llevó a leer algunos libros magníficos: El árbol de Guernica, de George Steer, El día en que murió Guernica, de Gordon Thomas y Max Morgan Witts junto a unos cuantos más. Un libro importante que me ayudó a entender el norte de España es la Historia vasca del mundo, de George Kurlansky. Es un tesoro de conocimiento sobre los orígenes y estatus únicos de los vascos y su tierra, Euskal Herria.

Guernica era muy atractiva, simplemente porque poseía muchos aspectos de la guerra, pero entonces me di cuenta de que muchos grandes autores ya la habían retratado, de modo que necesitaba un lugar diferente, un poco antes del veintiséis de abril. De acuerdo con la cronología, mi héroe, Frank Barbury, y su amor, Rose Gerrard, tenían que estar en otro lugar antes. La investigación demostró que Durango, un municipio más al sur en el País Vasco era un gran ejemplo del primer bombardeo de terror por parte de la Legión Cóndor. George Steer había escrito un artículo excelente, así que me centré en Durango y en los acontecimientos que llevaron hasta aquel treinta y uno de marzo de 1937. Mi pareja, Betty Lou, y yo pasamos varios días deambulando las calles, viendo los lugares que fueron bombardeados y, por supuesto, reconstruidos. Cuanto más veía y sentía, estaba más seguro de que ese era el lugar para mi historia. Ficción o no, podía sentir allí a Frank y Rose junto a los demás, el Dr. Gerrard, Miriam, Pello y Emma, y el reportero Lars Eriksen, en aquel fatídico día.

Al caminar por esa avenida ancha de Kurutziaga Kalea uno puede sentir los ecos del terror, el aullido de las bombas al caer, los malvados drones de los Heinkel sobrevolando el lugar, el repiqueteo chirriante de las ametralladoras y el asesinato de inocentes mientras huían. Aunque toda la zona ha sido reconstruida, la energía negativa de aquel día treinta y uno de marzo de 1937 todavía acecha como sombras o fantasmas en las callejuelas aledañas y en la misma calle, setenta y siete años después. En Santa María de Uribarri, que ahora es una basílica, aún se pueden ver y sentir las muescas de las balas en los grandes muros. Cuando recorrí las muescas con los dedos y las manos, aún pude sentir el horror, los gritos y el tronar de las bombas y las ametralladoras, y mi empatía creció en consecuencia. A día de hoy, aún se me saltan las lágrimas cuando leo Por el amor de Rose en la parte donde se refleja la historia de Durango y de su gente.

El Archivo del municipio me proporcionó una excelente colección de fotografía de la atrocidad de 1937. Cuando las miro en mi ordenador, todavía siento el terror de los ciudadanos. Esa experiencia es lo que intento transmitir con Por el amor de Rose. Durango era el lugar. Tenía que salir en la historia. Volví al norte de Nueva York y terminé la novela. La versión inglesa se publicó en el verano de 2014 y la traducción al español, Por el amor de Rose: un viaje en tres mundos, de la española Marta Molina Rodríguez, se publicó en enero de 2015. Por cierto, Marta ha llevado a cabo un trabajo excelente teniendo en cuenta las diferencias idiomáticas entre las dos lenguas.

P. ¿Cómo han criticado los libros los medios de comunicación?

R. Los medios de comunicación en el norte de España han proporcionado una cobertura estupenda y en Turismo de Durango han publicado críticas en su blog en las tres lenguas: vasco, español e inglés. Me apena decir que ningún periódico estadounidense haya mencionado mi libro. Es triste pero cierto. Ha habido comentarios maravillosos de los lectores. Uno escribió: “Es la mejor novela sobre la Guerra Civil española desde Por quien doblan las campanas, de Hemingway.

P. Ahí tiene, el gran Ernest de nuevo.

R. Sí, creo que su espíritu aún camina por España. Amaba aquel país y nosotros también, particularmente Euskal Herria.

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Nota del autor: Frank Lasker era el seudónimo que utilizaba Robert Egby durante su vida en Adén (ahora Yemen), cuando escribía artículos para el periódico londinense Daily Mail en 1962-63. Traducción de Marta Molina Rodríguez.

© Robert Egby. Permiso de uso otorgado al referirse al libro Por el amor de Rose: Un viaje en tres mundos.

Por el amor de Rose: Un viaje en tres mundos (Spanish Edition)


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La versión original en inglés.

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